Maksutov

Publicado por on abril 25, 2013
Hágalo Usted Mismo / Sin Comentarios
27 de Enero 2013

Desde fines de enero, en casa hay un Maksutov de 180 mm de diámetro sin montura de ningún tipo. Surgió la compra un domingo de mañana cuando leyendo los nuevos mensajes del foro Espacio Profundo, un usuario ofertaba el Mak SkyWatcher a precio muy conveniente que hacía imposible decir que no. Aprobada la posible compra por la gerencia, o sea nosotros (Marce y Yo), nos pusimos en contacto con el vendedor y para nuestra sorpresa y la de él, estábamos a 50 km de distancia, cosa que hacia fácil ir a ver el tubo y definir por sí o tal vez no, la compra del mismo. Por las dudas, pasamos a buscar a Gerardo, un amigo aficionado que sabe más de estos aparatos que nosotros y nos fuimos para Azul, la ciudad en donde por esas cosas de la vida, se encontraba el vendedor y el telescopio. Vale aclarar que el hombre es de la capital Argentina, a 360 km de nuestro lugar en el mundo. Luego de las presentaciones, nos avocamos a revisar el SW y sus accesorios. Todo estaba perfecto y nos lo trajimos. El único inconveniente era el aviso que nos dijo el ahora ex dueño… – está descolimado -. Acostumbrado a trastear con el Newton casero y luego con el actual 250, no vi inconveniente en ajustar este Maksutov que para mejor, el ocular va a continuación de los tornillos de ajuste. Muy distinto de los Newton que cada vez que tocás un tornillo, hay que ir hasta adelante a ver el resultado. Acá es registrar y ver sin moverse del lugar.

02 Febrero 2013
Prueba en la Celestron

Prueba en la Celestron

La noche que lo montamos en una Celestron robotizada que el amigo Daniel puso a disposición, las estrellas que vi eran horribles. Se veían gordas, descoloridas. Por ejemplo, a la Caja de Joyas parecía que le habían puesto un nylon para protegerla de las heladas como se hace con los frutales. ¡Que sensación fea! Que desilusión. No dije nada, tampoco dije ni “mu”, cerré la boca y me trague el sapo solo. A la siguiente noche volvimos a encontrarnos en el patio del taller, un lugar que frecuentamos los habitué al Grupo GOCO en el medio de la ciudad, para seguir disfrutando del cielo nocturno y aprovechar la montura que al mando de Marce, iba y venía por el cielo, mientras yo, para que no se avivara, dejé mi 250 bien guardado y así evitar ingratas comparaciones estelares. Luego de ver de todo, como la noche anterior, levantamos campamentos después de observar el cometa Lemmon que tipo 12 de la noche, se puso a tiro sobre la pared separadora de la vecina con su buena onda verde. Entre nosotros y apelando a una palabra muy empleada por Gerardo, que aún no observó por el Mak que el aconsejo comprar, ja!!, diré que el Ota este, es un “fiasco”. Bueno… por ahora. Hay que esperar a colimar y para eso, primero tengo que hacerle una montura al telescopio, cosa que empecé a pensar como sería cuando los tres viajábamos por ruta 226 al encuentro del Mak. De regreso, con el nuevo integrante en el baúl, tenía definido que la montura estaría dividida en dos partes y que ambas se convertirían en el cajón del SkyWatcher tanto en traslados, como en su espera de salir a observar. Claro que… de imaginarla a construirla hay un gran paso. Digo mal. Hay muchos grandes pasos que dar, más, cuando uno tiene todas las intenciones de mantener el costo por el piso.
Con la experiencia de otras monturas, sabía de antemano que esta tenía que ser muy firme, muy precisa y a la vez muy sencilla de manipular ya que por las características de la óptica y por el modelo de usuario no se puede andar con cosas raras.

El comienzo

El comienzo

El primer rompe cabezas fue hacer unas especies de abrazadera para sostener el tubo. Luego de idas y vueltas, (¡muchas vueltas!), terminé decidiendo que la cola de milano no se tocaba, quedando por debajo y que entre el porta buscador y el anclaje del mismo, le haría una extensión para alejar el busca del tubo y evitar de este modo la obstrucción que impondrían las abrazaderas al momento de encontrar estrellas.

6 de Febrero

Como siempre, en la cancha se ven los pingos*. Y este caballo tenía fecha para correr en la segunda semana de Abril cuando nos presentaríamos en la SPVG 2013, la Star Party más grande que se realiza en Argentina. No alcanzaba con terminar, había que probar a fondo para sacar todos los problemas que presentara, con el agregado que también había que colimar.
Los días parecían volar, pero ahora que miro atrás, solo me tomó algunas semanas calzar el Mak en su montura como para probar que onda. Me gustó. Casi que la tenía lista a esa parte, pero aún faltaba la otra, ¡La Mesa!. Y reitero, colimar. Seguramente cambiar algo, ajustar, o rehacer alguna pieza del rompecabezas no habría de faltar, como las abrazaderas, que por una u otra cosa, me vi obligado a cambiar el diseño tres veces.

25 de Febrero
Primera prueba

Primera prueba

Al mes de haber empezado di por casi terminada la montura. Con eso no bastaba para servir la cena, ya que faltaba la segunda parte, La Mesa, pero casi que el plato estaba servido.
Entre todas las cosas que hay que resolver, una es la distancia al piso a la que se moverá el buscador y eso depende de la envergadura del usuario. O de sus costumbres de observador. Se me fue una semana sin que Marce apareciera a medirse. Marzo se empeñaba en entregar los días puntualmente, y yo sin poder continuar. Maté el tiempo probando la montura sobre un tanque vacío de aceite de 200 litros cortado a la mitad. Use una antena abandonada distante unos 70 metros, como referencia para ajustar la posición del buscador y probar los ajustes finos. A la mala de confirmar que al mando del azimut había que rediseñarlo, la empardó una muy buena. El ocular regularón de 2 pulgadas de serie, me mostraba en la punta de la antena una telaraña flamante. ¡Impresionante la calidad de imagen! Me decidí a no esperar a Marce. Quería usar ya mismo el Optical tube astronomy (Ota).

9 de Marzo
Primer ensayo a campo

Primer ensayo a campo

Acosté la montura con el Ota en su interior sobre una superficie plana y empecé a cortar maderas. Fui cercando el conjunto dando forma de apoco a La Mesa no sin sortear algún inconveniente. Uno de los tantos, fue acertar el lugar donde colocar cuatro patas regulables que también tuve que fabricar. Con todo listo para el primer ensayo, me invitaron salir al campo a ver el Lemmon y el Panstarrs. No dude, cargué todo en el baúl y partí. Como primera vez, el conjunto se mostro estable, el mando fino de altura dio la talla, pero el azimut como ya se sabía, no. Necesitaba una reforma. Esa noche empecé con la colimación. A la hora, ya lo tenía, según mi experiencia con los Newton, colimado. Los anillos de difracción se veían correctamente centrados. Daniel certificó eso, pero cuando le apuntamos a Júpiter, solo vimos una porquería amarilla lechosa.
Mejorar el mando fino de azimut, me llevó una tarde, colimar al exigente Maksutov, un mes. Armado con dos llaves allen, alguna estrella brillante y varios océanos de paciencia fui llevando el espejo primario al lugar de donde nunca, el anterior dueño debió sacarlo. Reiteradamente repetí el primer paso.

 Primer paso:

  • Buscar estrella, alinear el buscador
  • Desenfocar estrella, analizar y definir que par de tornillos mover
  • Poner el telescopio horizontal
  • Mover tornillos
  • Buscar estrella, alinear el buscador y ver resultado.

Cuando a los disco de difracción los vi centrados, pase ala fase siguiente: Dar aumento por sobre la capacidad de resolución del conjunto óptico para ver y centrar el disco de Airy. Resumiendo…

Segundo paso:

  • Enfocar estrella, analizar y definir que par de tornillos mover
  • Poner el telescopio horizontal
  • Mover tornillos
  • Buscar estrella, alinear buscador y ver resultado

En este último paso, apenas hay que mover los registros, por lo que el buscador casi que no se desaliña. El problema es que trabajé 1080x, esto hace tedioso centrar la estrella en ocular, ya que por este pasa muy muy rápido. En realidad, hay que esperarla que cruce el campo del ocular y sacar conclusiones instantáneas. Esto de colimar un Mak es una tarea que sólo resulta grata cuando se termina y eso se sabe, por ejemplo, cuando a aumentos normales, Dy Crucis se introduce sigilosamente en el ojo con su rojo bordó, mientras se centra a Mimosa en la Cruz del Sur. Mientras eso no ocurra, aguantarse.

7 de Abril
Cola para Galaxia El Sombrero

Cola para el Galaxia El Sombrero

A cuatro noches de llenar el auto para salir al otro día de madrugada para Valle Grande, en la provincia de Mendoza, hicimos el ensayo final. Cargamos todo lo que iría a la SPVG 2013, menos las valijas, y fuimos al campo. Tampoco esta vez arme el 250, solo fue como ensayo de carga. Por primera vez, Marce armó la montura de su telescopio, y una vez instalado el Ota, salió acaminar el cielo en compañía de otros observadores. Fuimos a lugares ya conocidos, pero esta vez, en otra monta.
Con los oídos atentos a cualquier contratiempo o sugerencia que se ventilara en la noche, me dispuse a retratar el momento del primer apronte. Fue en el momento que el flash ilumino la escena que comprendí que mis dudas de comportamiento del conjunto eran vanas. Las sonrisas que hacían cola para ver el Sombrero, fueron la señal inequívoca que habría caballo nuevo allá en Mendoza.

12 Abril 2013
Campana de largada

Campana de largada

Luego de la primera cena de la Fiesta de Estrella 2013. Luego de las acreditaciones. Luego de 850 kilómetros de rutas Argentinas. Luego de días y días de darle y darle para alistarlo, en la cancha astronómica que dispuso la organización, Marce saco la tapa de su Maksutov SkyWatcher y sin esperar campana de largada, salió en su pingo a trotar.

————

*En la cancha se verán los pingo : Refrán que nace en las carreras de caballos, donde los apostadores suelen tejer conjeturas acerca del potencial de los pingos (caballos), antes de ver su rendimiento en la cancha (pista).

Asterismos

Publicado por on junio 24, 2012
Salir a Observar / Sin Comentarios

A pie, por la vereda rumbo al norte, miré buscando la Luna allá arriba en  esa  mañana  de junio, pero no estaba. Las nubes no permitían  ver a Selene,  que a esa hora estaría mostrándose un poco sombreada por la Tierra. El eclipse parcial de ese momento, solo lo vi en fotos. Algunos amigos de otros pagos “desnublados”  a esas horas,  gentilmente  o no, mostraron sus imágenes  por la noche en el Facebook, el sistema mundial donde nosotros, la gente común, chusmeamos a todos  los otros comunes que quieren ser chusmeados.

Gentileza: Sergio Galarza

Al llegar caminado al  lugar  de destino, el termómetro marcaba un grado. Se  preguntó mi mente  en ese momento por qué, si en esa escala  que enmarca el tubo de mercurio el primer grado es “un grado”,  en la escuela,  donde había muchos grados, el primer grado era Primer Grado a secas.
Resolví en mi mundo privado, en donde mando yo y nada más que yo, y en  infinidades de veces parece que nadie manda nada, que la respuesta, por más que se diga con acertada lógica que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, es simplemente que el humano tiene que etiquetar absolutamente todo, al punto que  hay innumerables cosas que están marcadas de varias maneras y con distintos nombres y por esto, muchas veces se termina más que confundido, o al menos, preguntándose  como es que  hay grados y grados.
Mientras creía seguir muy atento a las distintas opiniones de libre pensamiento que ya se disparaban en  mi mente, y que como siempre, iban de un lado para otro sin respetar sentido, altura, inclinaciones, tamaño, piso, velocidades, etc, etc, me encontré que aún seguía colgado de Primer Grado o mejor dicho, algo que pasó en mis tiempos de “Un Grado”.
Fue más o menos en primer grado, cuando se me dijo una nochecita, que eso… eran las Tres Marías. ¿Cuáles? Esas… las tres estrellas que están ahí. Ahí era ahí, sobre el techo de la casa, que en esos tiempos, se mostraba en una vaga silueta  alumbrada apenas por el foco de la esquina. No sólo eso me dijeron. También  se me reveló que las Tres Marías forman parte del sillón. Sí, luego de la explicación a dedo, ví el sillón. Aún hoy lo veo,   pero por más que lo explique a puro índice o usando el moderno láser verde, nadie, absolutamente nadie ve lo que yo. Para peor… no es un sillón cualquiera. Este es un sillón con facha de pertenecer a un Rey o al mismísimo Cazador (Orión), que de tanto en tanto se sienta a descansar mirando al sur.
No es época para  observar a Orión cabeza  para abajo como se acostumbra por aquí, ya que a esta hora se está enterrando detrás del horizonte, pero puedo enchufar el software posta que me acompaña desde que el SkyMap resultó ser un negocio, terminando así, con eso de “free” o el amado término español, “Gratis!!” y recrear esa primavera avanzada para dibujar lo que ahora se conoce como asterismo. En este caso, mi asterismo particular. Bueno… no tanto. Seguramente mi hermano, quién me lo enseñó,  lo aprendió de otro y este de otro. Si se pudiera seguir para atrás, capaz que el que se avivó de esto fue el portugués Fernão de Magalhães, recordando en alta mar, el día que pidió el subsidio más viáticos al rey cómodamente sentado en su trono, para ver qué onda en los confines del mundo.

A ver… dibujemos en la compu… mientras, pongo una foto de poca calidad como para matizar la espera, del Cazador cabeza abajo.

Orión

Bueno, el asterismo es más o menos así:

Sillón

Como todo dibujo en el cielo, hay que tener imaginación para ver el sillón. Es cierto. Ahora, quien no daría uno por tener aquello que no se sabe que era, pero que los griegos, creo yo, seguramente tenían. Ese algo que le dio un plus  para ver tantas figuras entre las estrellas. Ellos “vieron” un cazador, un perro, un toro, peces, etc, etc, que con algunas excepciones,  no logramos ver ni de casualidad.

Mientras armaba el sillón en la carta del lugar tomada del HnSky, me asomé a ver como marchaba la cosa en mi mente. Seguía igual. Aun intentaba arreglar el mundo etiquetado con un nuevo ejemplo. Este estaba más cerca de la astronomía. En este caso se discurría sobre Prismáticos Largavistas. Binoculares. Uf… volví a la realidad urgentemente mientras sonaba  “Anteojos de largo alcance!!”.

Tal vez envalentonado por el éxito de los griegos, recordé algo que ví con… digamos… largavistas,  una noche en un campo cercano. Miraba yo al voleo, saltando de mancha en mancha, con mis 10×50 montados en un trípode fotográfico cuando abandonando Tucana47 me pareció ver una R en las cercanías.
Acá, ves?

Con esta R me fue mejor que con el sillón. Al menos algunos vieron lo que yo,  y otros, terminaron leyendo la R para darme aunque mas no sea, la razón de los locos, je!

Si antes dije envalentonado, ahora quien lea esto dirá “se agrando, el pavo este” con esto de los asterismos personales. Y tendrá razón.  Igual,  traeré un asterismo que encontré buscando la galaxia “El Sombrero”. Visible con telescopio, lo observé una de esas noches en el Club Tres Hermanos de Blanca Chica cuando en el vano intento se sumar gente a la actividad astronómica anunciaba vía mail… “Grupo Goco invita nuevamente este sábado a un Salir a Observar”.

Este lindo par de triángulos, como todo lo demás, no escapa a “misma cosa, muchos nombres”. Se lo conoce como STF1659 en el catálogo Struve de estrellas dobles y como la Puerta Estelar (Stargate) por la historieta Buck Roger, cuyo personaje la usa para entrar al hiperespacio. Peeeero,  yo estoy obligado a identificarlo de otra manera. De paso echo más leña al fuego a la discusión en mi mundo privado.

Gentileza: Pleyades del Sur

Ta lindo el asterismo no? Mucho mejor si comento que la imagen, en realidad es un dibujo, cuyo autor con mano maestra, representa fielmente la vista del cluster visto por telescopio.
Ahora… mirando con qué absoluta seguridad, el inefable Dr Emmett Brown muestra su invento, en la película Regreso al Futuro,  al igual que yo, a vos… ¿no te da por llamarlo, El Condensador de Flujo?

 

Fin

 

 

Dibujos Astronómicos: Pleyades del Sur

Asterismos:  deep-sky.co.uk

Recuerdos…

Publicado por on marzo 15, 2012
Hágalo Usted Mismo, Salir a Observar / 1 Comentario

Aquella noche, nos corrimos al medio de la manzana a ver el cielo. El Barrio Sarmiento era nuevo, recién inaugurado. Aún, los respectivos dueños de cada vivienda no habían echo las divisiones de sus terrenos, eso hacia que estuviéramos en un baldío fuera de lo común, ya que estaba rodeado de casas 0 Km. En esos años, habíamos tomado la costumbre de juntarnos algunos de la ENET bajo las estrellas y tratar de discernir en charlas de juventud, que era todo aquello que había ahí arriba, justo sobre nosotros. No era novedoso eso para mí el hablar en la noche. Con otros adolescentes del barrio, bajo el foco de la esquina, se dio una especie de reunión perpetua todas las noches del año, durante todos los años 70, que por lo general duraban hasta el llamado a cenar en invierno y hasta la medianoche en verano. Luego, más “veteranos”, en los 80, las charlas se trasladaron al centro, ya con café y aditivos varios, que mostraron otros cielos con otros colores, con otros dibujos según el cielorraso del pub de moda, y claro, otros tipos de temas.

Volviendo al medio de la manzana, esa noche los cuatro  amigos cambiamos pareceres entre otras tantas cosas, de cómo fabricarnos un telescopio. Con qué hacer el objetivo, el tubo, el ocular… etc. De monturas, jamás hablamos, ya que lo principal era conseguir aumentos y diafragmar el caño de cartón para que el vidrio de la punta entregara una imagen mejorada. No la porquería de visión que el conocedor del grupo preveía con autoridad, si no le hacíamos caso.
Para el objetivo, el experto, mejor dicho, el único entendedor del grupo en ciencias varias, incluida la astronomía, proponía dos soluciones. Una era conseguirse un vidrio de anteojo. Había que revolver entre los anteojos en desuso y encontrar uno que mostrara lo más lejos posible, ese punto incandescente, que cualquier lupa entregaba bajo el sol, cuando uno quería quemar un papel.
Tuve suerte con el objetivo. Un amigo de mi casa, fotógrafo de profesión, Raúl, era amigo del dueño de una óptica. Un día, se me apareció con un pilón de lentes usados de todo tipo. Los había gordos, finitos, transparentes, oscuros, grandes, chiquitos. Luego de intensas pruebas, encontré una combinación que me dejaba ver una pequeña rajadura en el revoque fino de una pared, desde unos 6 metros de distancia. Impresionante! Pensar que unas semanas antes, no tenía idea de tales posibilidades técnicas.
La segunda solución que proponía Teseo era superior, pero imposible para todos nosotros. Era afanarle el vidrio del viejo reloj cucú, que su abuela tenía colgado en la cocina. Mientras sus padres se habían trasladado a su casa nueva en el Sarmiento, este seguía viviendo con la abu y planeaba así, de mala forma, hacerse de esa joyita. No sé como sabía que ese vidrio concentraba la luz. Pero era así. Una noche, lo saco y nos mostró que tenía una focal como de un metro o más. El diámetro andaba unos 12 cm., si mal no recuerdo. Que envidia!
Para mi tubo, solo fue entrar a una tienda y pedir el centro de cartón donde la tela viene enrollada para su venta. Con sus 6 o 7 cm de diámetro, mi lente objetivo planteaba un problema. ¿Como fijarlo? Ya que por lo que se veía, la lente, que venía de estar puesto en un marco mediano de algún anónimo corto de vista, tenía mucho menos. Unos 4.5 cm como máximo.
La solución me la dio el mismísimo tubo de cartón. Observando a este, noté que su estructura no es otra cosa que papel arrollado. Así que con paciencia, arrolle tiras de papel alrededor del lente y poco a poco fui formando otro tubo que pude encajar perfectamente en el anterior. Con ese sistema de enrollar papel, también pude asegurar los diafragmas del tubo. Le puse tres diafragmas hechos de cartulina negra. Los distintos tamaños de agujeros y distancias entre sí, fueron resueltos técnicamente a ojo. Mientras ninguno de los diafragmas tapara o mostrara más que el borde del anterior agujero, entendía que estaba perfecto.
Al principio, de ocular, use un cristal para miope. El tradicional culo de botella que en esos días se estaba reemplazando por los novísimos lentes de contacto. Los duros, eh?… los blandos se presentaron tiempo después. El foco era un tubo de papel con este lente que deslizaba por el tubo principal. La alineación, la comunacha colimación en la jerga de hoy del tren óptico, se hacia como todo el resto del artilugio, a ojo.
Distancia focal: Unos 80 cm. Ocular: Mas o menos 10 cm. Calidad de la imagen, Perfeeecta. Bueno… había efecto de barril, aberración cromática, y que se yo que más. Pero para hacer todo a ojo, con la única información del “Guía”, estaba muy bien. De todas maneras, mi madre tenía (y tiene) unos prismáticos 7×35 que servían para comparar. Era evidente que conseguirse un ocular de verdad, era la tarea siguiente, si queríamos mejorar, ver estrellas era el fin y no estos destellos indefinidos.
En esos días, la revista Lupín, aparte de traer unas historietas bien argentinas, también traía planos de barriletes, modelos de aviones, juguetes, barcos, planos de electrónica, etc, que incitaban a cualquier pibe a meter mano a… por ejemplo, a una radio que estaba sola. Si tu madre se fue a la panadería y dejo abandonada la portátil con el Negro Martineiz y su risa particular saliendo de adentro, pues, si no desarmarla por falta de tiempo, por lo menos ver sus partes ocultas, mientras nos traían el pan fresquito para la leche de la tarde. También tenía la Lupin avisos. Uno de ellos era… “Hace tú telescopio”. Y te vendían espejos de 2, 3 y el “nuevo” de 6 pulgadas. Más oculares de 15, 8 y 4 mm. Ni hablar, compreeeeeeee el mas grande por correo de una.
De todo lo que llegó, solo pude usar el de 15 mm. Con los otros oculares, era imposible. No se veía un pomo. Con ese tele plantado sobre un mono pie recontra casero, pudimos ver, que decirte… y mas o menos el mismísimo infinito. Desde Venus hasta Saturno, no paramos. Pasando por La Luna, Marte, Júpiter. También el joyero, Pléyades, algunas dobles, etc,etc. Un atardecer, a traición del grupo, me subí al techo y pude ver un par de manchas solares usando varias capas de películas veladas. Pecados de juventud, pero valió la pena.
Lo mejor visualmente de esos días en el tema tele, fue ver con mi ocular a través del vidrio del reloj. Fue la única vez en años, que la abuela no durmió en su casa, justo la misma noche que hizo el préstamo sin enterarse. Por otra parte, el cielo, nos entregó unas de las mejores estrellas fugaces que vi hasta hoy. Como todas, se quemo allá arriba, pero no sin antes hacer patito varias veces, dejando una estela de humo por detrás de su intensa luz verde. Por suerte, la vimos todos. Fue en la casa del Busty, estaban también el Negro, Teseo, yo… mmm creo que había alguien más, pero no me acuerdo. Seguramente algún colado, que vio luz y entró.
Aparte de darme la experiencia de meter mano a todo y en todo, esas noches, esos días, me metieron para siempre, el gusto por la astronomía, por los telescopios, por el Hágalo Usted Mismo y por tal vez lo más importante, el ver y compartir con amigos el cielo maravilloso que nos cobija.
Ah! También se quedó alojada una pregunta que de tanto en tanto se asoma por ver si llegó su respuesta, convirtiéndose a lo largo de los años, en una pregunta casi de tenor existencial. Es esta; ¿Che, Teseo, decime, cómo sabías que Marte iba aparecer sobre el cerco del gallinero, allá… en el fondo de mí casa,…en aquel verano del 76?

…….

 

Teseo vive en Punta Alta, nos reencontramos luego de 30 años
El Negro, vive acá, siempre metido en el mundo del golf.
Busty, es ingeniero en una cementera. Hace un pilón que no lo veo.

 

A la Luz de la Luna

Publicado por on enero 08, 2012
Salir a Observar / 2 Comentarios

Citados por el organizador de turno, los que vamos al campo de Vilma vamos apareciendo poco a poco en el punto de partida. Al bajar del auto me asombró ver cuántos móviles se daban cita. Que cantidad!!!  Mientras preguntaba por dónde saldríamos de la ciudad, caí en la cuenta que el montón de vehículos detenidos estaban ahí solo por el semáforo de turno, que en ese preciso momento, decidía liberar a una bandada de autos con un pase de luz roja a verde. Molesto semáforo pueblerino.

Gerardo estaba con su móvil sobre Colón antes del susodicho y Emiliano después del mismo. Daniel y yo en Ituzaingó con las luces ¿¿organizadoras del transito?? a nuestras espaldas. ¿Cómo hacer para armar la caravana? Pues… vamos por la avenida que recuerda la batalla de 1827, y luego salimos por la calle Independencia hasta la 226.
Yo entendí eso. Hice eso. Pero no… al llegar a la ruta, con una pequeña demora porque el semáforo no lo liberaba a Gerardo, no había nadie. Igual subí a la ruta y aceleré a la especial velocidad de crucero de Gerar. Lentosssss 80,5 km. por hora. Allá, contra el horizonte cercano por culpa de la Loma, vi algunas luces rojas… ¡Allá van!… Pero antes  de acelerar, preferí llamar a Dany para asegurarme.  ¿Estás en la ruta?_  La respuesta fue: _Sí, en Loma de  Paz_La Loma, es la misma Loma de referencia parala Virgenque está arriba a la derecha, para el cementerio privado y único en funcionamiento de la city, que está abajo a la izquierda y también la que deja el horizonte ahí nomás para permitirme ver las luces rojas. Sencillo, y muy simple. Peroo…
Pero no. Al llegar a la cresta dela Loma, ya no se veían las luces de los autos. Se esfumaron. Así que esas luces no eran las luces. Y donde corno están las luces? Aparte de no poder contestarme la pregunta, no pude contestarle a Marcela, y luego, ya detenidos en la banquina en el Km 311, tampoco a Gerardo. Que lo parió!
Si bien no recordaba exactamente la bajada al campo que varios años antes visitamos, esta no podía andar lejos. El Gps decía que había una salida a la izquierda unos tres km antes que no me parecía y otra,  unos 1000 mts más adelante que tampoco daba. Que raro.
Al rato, unas luces intermitentes en la noche nos alertaron que erramos por muy poco. Unos autos estaban bajando por un camino vecinal de tierra un kilómetro antes de donde estábamos. A volverse.
Cuando tomamos por el firme camino vecinal envueltos en la  nube de polvo fabricada por los reencontrados móviles, no veíamos nada. Tampoco veía nada el Garmín. En su pantalla, el autito indicador viajaba por la nada. Parecíamos estar  transitando por un camino de otra dimensión. No dudé en creerle a Dany cuando aseveró que Vilma, la dueña del campo, se pasó de la bajada… dos veces!!!
Armamos telescopios, binoculares, sanguches, tragos, mesas, sillas y la cámara de fotos sobre sus patas prestadas (trípode) mientras iban y venia besos y saludos con los dueños de casa y allegados a la misma. Uno de ellos, Irineo, llevó a varios citadinos a ver las vizcachas, que moran en la cercanía. Mientras intentaban alumbrarlas con las linternas el joven guía les explicó que algunas tienen la inexplicable costumbre de morder sin aviso. Es más, aseguró que son capaces de arrancarte media alpargata si no estás atento. En ese momento alguna “ñiña” de coquetas chatitas que estaba allí solamente porque tal vez observar estrellas podría ser cool, recordó algo importantísimo y elegantemente se las tomó.
Luego de algunas fotos de rigor se inició la observación lunar con los binoculares 20 x 80. Eso fue así, porque medio mundo quedó con los ojos a la miseria de tantos fhashazos que repartí a troche y moche. Mientras andaba con ese metier, lo oigo a Gerardo discutir con el Gps de su montura. Al parecer, el aparatejo  insistía en informale que estábamos en Atenas. Cosa de mandinga, no? En Atenas? No sería culpa del camino, que más que a otra dimensión, nos mandó a la Loma de la m…? que se yo!
El asunto es que al tele hubo que marcarle donde estaba a mano y luego sí, una vez orientado,  dio en el blanco todos los tiros. Mi disparo fue a una doble que no le figura en el catálogo del Meade como h4063 (así figura enla Pocket), pero que Gerar ubicó rápidamente usando como referencia a NGC 2546, un muy pobre cúmulo abierto en Puppis que está pegado a la binaria. Este par de estrellas, tiene la particularidad que una de ellas es muy roja, muy parecida en su color a Dy Crucis aunque menos brillante que esta última.
A pesar de que la calidad del cielo no daba para aprovechar al máximo los20 cmde diámetro del Celestron y/o del Meade para ver objetos de cielo profundo, igual, todos los presentes se dieron el gusto de ver Orion, Carina, 47 Tucanae , Júpiter,  el tránsito de Io, y muchos cúmulos abiertos.
Cuando se acercaba la media noche, Marce me sugirió partir. Mientras mechaba despedida con devolver al baúl todo lo desparramado con anterioridad, revisé las fotos a las apuradas por si la toma grupal había fallado. Al verla, la di por aceptable. También vi alguna foto medio rara, que preferí dejar para mirarla con mas tranquilidad en casa.

Mientras mi buena compañía abría la tranquera del campo con cierta dificultad, recordé las sensaciones encontradas de toda la noche y resolví,  que por las dudas, a la ruta por el camino polvoriento, solos, no volvíamos.
Con Marce a bordo, doblé a la derecha y pique el bólido como si el diablo nos corriera, hacia las tranquilizantes luces cercanas de la cuidad. Es que en ese momento, el pip del reloj avisaba  inocentemente las 12, y ya se sabe, que a esa hora los buenos escritores anuncian la llegada  de las almas en pena. Aunque eso sea sanata, hice lo de la niña con chatitas: me las tomé. Porque no creo en brujas pero, y si las hay? Mejor no cuento que el espejo retrovisor, mostraba allá sobre el monte, una blanquecina nubosidad…